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El jueves 7 de enero, disfrutábamos de bonitas estampas navideñas y jugábamos alegremente con la nieve que los Reyes Magos habían traído a Madrid a manos de un singular “paje real” con nombre de personaje de comic de otra época: “la tormenta Filomena”. El viernes 8 de enero, lo que amaneció siendo divertido se fue tornando en peligroso y los recursos de la Red Pública de Atención Social a personas con enfermedad mental grave y duradera de la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, recibimos la instrucción de cerrar los centros antes para que trabajadores y personas atendidas pudiéramos llegar a nuestros hogares de forma segura.

filo2La simpática nevada se convirtió en una de las olas de frío más severas de las últimas décadas que colapsó durante dos semanas el centro peninsular, y nuestra ciudad especialmente.

Durante esta situación tan excepcional, los recursos de la Fundación el Buen Samaritano, no han detenido su funcionamiento, sino que lo han modificado en tiempo record para seguir prestando atención a las personas que se benefician de nuestros centros. La experiencia de la pandemia, que aún seguimos viviendo, ha hecho que hayamos integrado el teletrabajo como solución en algunos momentos y hayamos sido inmensamente creativos en opciones virtuales de atención. Las nuevas tecnologías juegan a nuestro favor y todo el entrenamiento que se está haciendo para interiorizar su uso ha hecho que en este caso nos hayamos adaptado rápidamente y mantenido la atención, en gran parte enfocada al soporte de la angustia que estas situaciones de confinamiento suponen.

Aunque el estado de ánimo generalizado sigue siendo un poco bajo por todo lo que está acarreando la pandemia, después de Filomena nos permitimos bromear con “¿qué será lo siguiente?”. No lo sabemos, ojalá tengamos una temporada tranquila, pero es obvio que el planeta nos está enviando señales de que las cosas no van bien.

Según los expertos, los efectos del cambio climático provocarán que los valores extremos e inusuales se harán más frecuentes, viviremos un clima oscilante entre frío y calor, sequía y grandes lluvias o nevadas. La variabilidad afectará no solo a unos años respecto a otros, sino que ocurrirá a escalas de tiempo más cortas, de meses o semanas, con lo que dentro de cada estación iremos experimentando periodos cada vez más contrastados de temperaturas, vientos y precipitaciones.

En cuanto a otras amenazas, como la COVID-19, se hace imprescindible volver a poner en el centro el cuidado de la vida en todas sus dimensiones y la restauración del equilibrio de la relación del ser humano con el entorno.

La capacidad de adaptación rápida es sinónimo de supervivencia, en este caso, a modo de metáfora, ha hecho que nuestros recursos hayan resistido a Filomena, pero urge que de forma rápida también implementemos cambios que reduzcan los impactos que estamos generando en el medio ambiente para que dentro de esta “Nueva Normalidad” no terminemos normalizando cosas que no lo son.

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