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La belleza inapreciada

El pasado 14 y 19 de mayo recibimos en el taller de jardinería del Centro de Rehabilitación Laboral de Carabanchel a alumnos y alumnas con necesidades especiales y de las aulas de diversificación del I.E.S. Emperatriz María Austria.

Al empezar una de las visitas nos llamó la atención una niña que estaba todo el rato con el móvil. Una de las profesoras se nos acercó y nos contó que esta niña tenía una discapacidad visual y que con el móvil hacía fotos para ampliar los objetos y velos mejor. También lo utilizaba como traductor, ya que aún no conoce bien el castellano. Era fascinante observarla porque hacía muchísimas fotos y descubría detalles que al resto nos pasaban desapercibidos, pero no porque no los viéramos, sino porque no los buscábamos. Rebosaba alegría con cada descubrimiento, nos preguntaba un montón de cosas y participaba con enorme entusiasmo en todos los juegos. En uno de ellos, como todavía no sabe escribir los nombres de los objetos los dibujaba y los dibujos eran increíblemente precisos.

Creo que ha sido de las personas que más ha disfrutado este año en el vivero y, sin duda, con la que más hemos aprendido nosotras.

“Se me ocurrió que, si esto pudiera verse sólo una vez en un siglo o incluso una vez en una generación, este cabo estaría atestado de espectadores. Pero como lo podemos ver muchas decenas de noches en cualquier año, las luces arden en las cabañas, y los habitantes probablemente no otorgan ningún pensamiento a la belleza sobre sus cabezas; y porque pueden verlo casi cualquier noche, quizás no lo verán nunca.” El sentido del asombro, Rachel Carson.