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Mirar el camino recorrido para seguir avanzando: las Jornadas de Reflexión del Centro de Día Carabanchel

El arte como herramienta para reconocer aprendizajes, valorar el recorrido compartido y seguir construyendo nuevos proyectos.

El pasado 15 de junio, el Centro de Día Carabanchel gestionado por la Fundación El Buen Samaritano, celebró sus Jornadas de Reflexión constituyendo, como cada año, un espacio privilegiado para detener el ritmo cotidiano y dedicar un tiempo a revisar, de manera compartida, todo lo vivido durante el año. Más allá de hacer balance de las actividades realizadas, estas jornadas invitan a reconocer el proceso recorrido, identificar los aprendizajes alcanzados y poner en valor las experiencias que han ido configurando el día a día del centro.

A lo largo de este año han convivido proyectos, retos, dificultades, cambios, encuentros, nuevas oportunidades y aprendizajes. Todas estas vivencias forman parte de un mismo recorrido y contribuyen a la construcción de los proyectos de vida de las personas atendidas. Con esta idea como punto de partida, la reflexión se desarrolló utilizando como referencia la obra “La Rue de Saint-Honoré” del pintor impresionista Camille Pissarro, dando continuidad al trabajo colaborativo iniciado en el proyecto de Grupo Sur desarrollado junto al Museo Thyssen- Bornemisza.

La elección de esta obra permitió establecer un interesante paralelismo entre la pintura y la experiencia personal. Pissarro retrata una misma calle, pero nos recuerda que un mismo lugar nunca se percibe de igual manera: la luz cambia, las estaciones transforman el paisaje y cada persona observa la realidad desde una perspectiva diferente. Del mismo modo, nuestras trayectorias personales están en constante evolución. Las circunstancias cambian, las experiencias nos transforman y cada etapa incorpora nuevas formas de comprender lo vivido.

A partir de esta metáfora, las personas atendidas en Centro de Día Carabanchel elaboraron una creación colectiva que sirvió como punto de encuentro para compartir recuerdos, reconocer logros, expresar las dificultades encontradas durante el año y valorar los apoyos que han acompañado el proceso. La actividad permitió poner de manifiesto que ningún recorrido está formado únicamente por momentos positivos o negativos; en un mismo camino conviven los desafíos, los aprendizajes, las oportunidades, los cambios y los nuevos comienzos.

Las Jornadas de Reflexión concluyeron con un agradecimiento a todas las personas que participaron en este proceso compartido. Cada aportación, cada conversación y cada experiencia contribuyó a construir una imagen colectiva del año vivido, una historia común que continúa creciendo y transformándose día a día.

Desde el modelo de recuperación, generar espacios de reflexión como este resulta especialmente valioso, ya que favorece que las personas atendidas puedan identificar sus propios avances, reconocer los recursos personales y sociales que han puesto en juego y otorgar significado a las experiencias vividas. Mirar hacia atrás no supone quedarse en el pasado, sino comprender el camino recorrido para afrontar con mayor confianza los nuevos retos que están por venir.

Además, el 9 de junio, el Centro de Día celebró una Jornada de Reflexión con las familias y las personas atendidas, utilizando el mismo hilo conductor. Este encuentro permitió generar un espacio de escucha y diálogo para incorporar sus necesidades, perspectivas y propuestas de mejora a la planificación del centro. Las familias constituyen una parte fundamental en el acompañamiento de las personas atendidas durante sus procesos de recuperación, por lo que contar con su mirada y favorecer su participación resulta esencial para continuar construyendo una intervención compartida, coherente y centrada en la persona.

Este tipo de espacios reflejan el compromiso del Centro de Día Carabanchel y de la Fundación El Buen Samaritano con una atención centrada en la persona, donde la participación, la reflexión compartida y el reconocimiento de las fortalezas individuales y colectivas constituyen elementos fundamentales del proceso de recuperación. Porque construir un proyecto de vida con sentido también implica detenerse, mirar el camino recorrido y descubrir todo lo que hemos sido capaces de avanzar juntos